Un día, Don pensamiento-extraño cogió las maletas y se largó. No te enterastes de que se había ido hasta que no montastes en el autobús (ya lo sé... un día de estos me saco el carnet) y te relajastes. Notaste que algo habías perdido, pero no sabías cómo. Puede que Don pensamiento-extraño no fuese más que un mero sueño, y ahora que todos los inquilinos estaban en paz, no encajaba en ese hambiente. Quizás por eso se marchó sin despedirse. No quería seguir anclado allí. Hacía demasiado sol, y se oían demasiadas risas como para ocupar un lugar importante en aquella comunidad. Los demás pensamientos se relajaron en cierta forma. Ahora solo tenían que afrontar el machaque de los exámenes y de los nervios, las preocupaciones por no ser doctor y poder ayudar a la familia, y , por último, convencer a cierto personaje para ir al Ikea.
Hoy me siento rara, habré crecido?



